Alternativa Latinoamericana
      
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Alberta, November-December 2007
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ALTERNATIVA Latinoamericana
AÑO/YEAR 10 Nº83
NOVEMBER-DECEMBER 2007
Alberta - CANADA
ENGLISH SECTION pages 16 - 20
Santa María de Iquique:
Cristina Fernández pág.15
Feliz Año Nuevo
www.alternativalatinoamericana.com
A 100 años, el 21 de diciembre, de la matanza
de mineros en Santa María de Iquique, "Amigas" de
Edmonton organizó un acto en homenaje de los
mineros asesinados en Chile. Participaron artistas de
Alberta. Durante el homenaje, en el teatro Myer
Horowitz, Edificio de la Unión de Estudiantes de la
Universidad de Alberta, se leyó un documento
explicativo sobre la matanza de 1907. El documento
reflejaba la intención del grupo organizador
incorporando elementos del contexto histórico en
preparación a la presentación de La Cantata Santa
María de Iquique por el grupo Pucara.
La Cantata, compuesta por Luis Advis Vitaglich,
nacido en Iquique y licenciado en Filosofía en la
Universidad de Chile, tiene su historia. Es una de las
piezas musicales emblemáticas de la Nueva Canción
chilena. Advis, que ejerció como docente en Chile,
falleció el 2004. Advis escribió La Cantata pensando
en Quilapayún, dice Eduardo Carrasco, director y
fundador del conjunto, en una entrevista con Punto
Final este pasado octubre. Según Carrasco, Advis
había visto actuar a Quilapayún y armó La Cantata
con algunas canciones sueltas que había escrito y
otras que escribió especialmente, y una vez terminada
la obra los buscó para presentarla. El valor simbólico
de La Cantata es importante; estrenada por primera
vez en el Conservatorio de la Universidad de Chile, se
hizo símbolo del triunfo de Allende y la Unidad
Popular en Chile 1970. Y, luego del golpe militar del
73, recorre el mundo como símbolo contra el crimen.
Carrasco habla de La Cantata como "instrumento de
conciencia" y explica que entre sus presentaciones
más importantes figuran las de Buenos Aires, la del
Olimpia de París, la de Roma, la del Carneggie Hall y
Los Angeles, la de Madrid -durante la fiesta de Mundo
Obrero y la de Tokio.
Se hace dificil no aludir, a los comentarios que,
previo a presentar La Cantata, hiciera su director,
productor y coreógrafo, disculpándose,por motivos
técnicos de no haber incorporado el formato power
point de la traducción de la obra en inglés. Esto fue
un gesto respetuoso pero no fue final de su
comentario. Lamentablemente, se sintió en la
obligación de "despolitizar" el carácter de la obra
frente al público canadiense, y al resto que le
escuchamos sorprendidos. Comentó sobre el
significado de las banderas rojas, verdes y de los
puños en alto, como sobreel carácter general de la
obra ­que caracterizó de "apolítica", netamente
"humanista." Planteó el deseo de que "nunca más
algo asi suceda" como motivación fundamental de la
presentación de la obra. Es ilegítimo, sin embargo,
presentar La Cantata como apolìtica: Sabemos que la
obra fue terminada el año 70 y fue entendida, como
dice Carrasco como símbolo del triunfo de la izquierda
en Chile. Advis no podía predecir, sin ser vidente, el
crimen por venir, pero reivindicaba las luchas obreras
anteriores al tiempo de la llegada de la izquierda
chilena al gobierno. Posterior a la caída del gobierno
de Allende, el significado de La Cantata puede haber
sido re-interpretado, como es re-interpretado hoy con
argumentos de "nunca más" y en favorer de una
mentada "unidad" entre chilenos.
El tema de la unidad es válido, siempre que lo
califique un análisis más profundo de su significado, o
se transforma en un slogan hasta opresivo. La Cantata
llama a la unidad para la lucha, muy diferente de
llamar a la unidad para no luchar o subordinarnos. La
mal llamada "izquierda parlamentaria" ha usado el
slogan de la unidad para desmovilizar movimientos
sociales y políticos crecientes, estrategia que ha
servido para que se continúen implementando
políticas económicas y sociales neoliberales, ahora
desde la supuesta izquierda, polìticas que son
criminales en particular con los más pobres y
asfixiantes para todos los pueblos. Y que en Chile han
estado unidas a flagrantes violaciones de derechos
humanos. Son estrategias de control que han sido
usadas no sólo en Chile, sino también en Brasil bajo
el gobierno de Lula y en Uruguay bajo el gobierno de
Vazquez. La unidad no se finge, se forja con prácticas
honestas y programas en favor de los pueblos.
Los textos de La Cantata son claros
y llaman a pensar en términos de
procesos y a la acción: "Ustedes que ya
escucharon la historia que se contó, no
sigan allí sentados pensando que ya
pasó. No basta sólo el recuerdo, el canto
no bastará. No basta sólo el lamento,
miremos la realidad." Advierten que las
masacres se repiten: "Es Chile un país
tan largo, mil cosas pueden pasar si es
que no nos preparamos resueltos para
luchar. Tenemos razones puras, tenemos
por qué pelear. Tenemos las manos
duras, tenemos con qué ganar." Ese
"nosotros" que ayer se identificaba con
los mineros hoy se puede identificar con
los mapuche -que sufren similar represión
y carcel en un Chile no democrático.
La Cantata como conmemoración de
la matanza de Iquique fue, según el
historiador chileno Sergio González
Miranda, el suceso más simbólico en el
proceso de unificación del movimiento
social salitrero: "Alli cayeron hombres y
mujeres, obreros ilustrados e indígenas,
chilenos, peruanos y bolivianos, como un único
pueblo." De alguna forma en Tarapacá, en 1907, se
dió un latinoamericanismo incipiente y casual, que
hoy, más pensado se da con la Revolución Bolivariana
de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa.
Latinoamericanismo que trazara también la Revolución
Cubana, acorde al pensamiento de Martí y de Bolivar.
El mismo autor explica que aquella fue una
unión entre pobres: "en Iquique nadie era
particularmente rico, ni los administradores...ricos
eran los banqueros, los socios mayoritarios de las
compañías o combinaciones salitreras, pero éstos no
vivían en Iquique..." Los huelguistas bajaron al puerto
en busca de solidaridad. Y el historiador agrega:
"quizás lo más notable de Santa María fue el
consenso social y político que llegó a tener respecto
de la injusticia cometida." Vale recordar que esta
"huelga y masacre obrera" ocurrió 10 años antes de la
Revolución Rusa y cinco antes de la creación del
primer partido político obrero en Chile (Partido Obrero
Socialista).
Y, sin embargo, esto no quiere decir que la
huelga no fuera polìtica. La huelga y la posterior
matanza fueron tan polìticas, que "los primeros
políticos que denunciaron los hechos fueron nada
menos que "el cacique de Tarapacá" don Ramón del
Rio, en ese momento alcalde de Iquique," quien a
través de su periódico La Patria atacó a los salitreros.
El principal crítico de la masacre fue un testigo, el
médico Nicolás Palacios. Huelga y masacre fueron
ambas políticas, tanto que los cadaveres de los
huelguistas asesinados fueron llevados en carros con
destino al Cementerio Nº2 y sepultados en una fosa
común. Sobre su fosa se levantó un mausoleo de
madera con una estatua de un pampino y hoy, nos
dice el historiador, esa fosa -que fue un día abierta
para contar los cráneos de los asesinados, está
tapada por casas pobres de cartón, que reemplazaron
al monolito. Los niños juegan "en medio de huesos y
recuerdos."
La tragedia a veces nos confunde, haciéndonos
creer que las muertes fueron en vano. Pero, las
grandes huelgas de Iquique, de 1890 y 1907, explica
el historiador, cerraron un capítulo de reinvidicaciones
y un estilo de organización social. Posterior a la gran
huelga de 1890, los ingresos por salitre y yodo
quedaron al servicio de los grupos dominantes del
país: la oligarquía chilena dejó de pagar impuestos
gracias al salitre. Los trabajadores del salitre fueron
quienes más sufrieron al punto que "cobra importancia
el recurso compensatorio de la hoja de coca en las
faenas de mayor desgaste físico". Esto sucedió, sin
embargo, junto a un creciente desarrollo de la
conciencia social obrera desde 1890 que hizo que la
protesta obrera de 1907 no se hiciera esperar.
El pensamiento obrero, nos dice el historiador,
cambia como cambian las condiciones sociales e
históricas de las salitreras. En algunos períodos está
más vinculado al concepto "asociación"-del
pensamiento mutualista,o al "partido"-del pensamiento
comunista; en otros períodos más vinculado a "la
propuesta" -del pensamiento mancomunal, o a "la
acción" -del pensamiento anarquista. "La emergencia
de los diversos tipos de pensamiento obrero, depende
del protagonismo de determinadas organizaciones
obreras, que coincide con ciertos acontecimientos
claves que definen verdaderos momentos de inflexión
histórica."
Con la huelga de diciembre de 1907 y la
posterior matanza del 21, se produce un momento de
inflexión histórica. En el plano organizativo, el
protagonismo obrero pasa de la costa a la pampa
salitrera y del movimiento mancomunal al movimiento
anarquista. En el plano reivindicativo el movimiento
obrero confía aún en la negociación con el Estado,
pero toma medidas de presión más confrontacionales
con patrones, y contestatarias con el Gobierno.
Siguiendo los periódicos de la época vemos que en
1910 desaparece el periódico mancomunal "El
Trabajo," pero al año siguiente aparece "El Despertar
de los Trabajadores," son dos órganos que marcaron
épocas y propuestas sociales diferentes. El propio
Luis E. Recabarren, primero "mancomunado" y
después "socialista", fue redactor y director de ambos
periódicos. Así, en su persona, se observa la
evolución de una ideología obrera a otra. Para 1920, a
ocho años de la fundación del Partido Obrero
Socialista influenciado por la Revolución Rusa del 17,
se produce un giro definitivo hacia el comunismo
lidereado por el propio Recabarren. Entonces, dice el
historiador, la reivindicación obrera es abiertamente
política y sindical y a escala nacional. "En diciembre
de 1919 aparece la organización sindical anarquista
IWW, que tendrá un rol importante en la
reinvindicación y teatro obrero salitrero" y, agregamos
en los movimientos de trabajadores aqui en este país.
En Chile, parte del proceso de evolución política
que se dió en Tarapacá y que tuvo de protagonista al
obrero pampino. En ignorar la historia corremos
peligro. La matanza de Santa María de Iquique fue un
alto precio a pagar, pero contribuyó al devenir del
movimiento obrero chileno.
"Unamonos como hermanos que nadie nos
vencerá. Si quieren esclavizarnos, jamàs lo podrán
lograr. La tierra será de todos también será nuestro el
mar. Justicia habrá para todos y habrá también
libertad. Luchemos por los derechos que todos deben
tener. Luchemos por lo que es nuestro, de nadie más
ha de ser". Una invitación similar a la invitación
bolivariana en América Latina.
Nora Fernandez, AL
"Hombres y mujeres de la Pampa. Tarapacá en el ciclo
de expansión del salitre," Sergio González Miranda,
Ediciones LOM, Chile, 2002.
la politización del movimiento obrero pampino.
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