Alternativa Latinoamericana
      
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Alberta, Noviembre/November 2009
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ALTERNATIVA Latinoamericana
HISTORIA
Por Mario R. Fernández
Una historia de honor y solidaridad: Batallón
Mackenzie-Papineau
Este año se cumplieron 70 años de la
disolución del Batallón de Internacionalistas
canadienses Mackenzie-Papineau, que luchó en
la defensa de la República en suelo español
durante la Guerra Civil. Siete décadas, de lo que
fuera la relación más honorable que hayan
tenido como naciones Canadá y España en su
historia. Pero es una historia que se ha ocultado
y se ha tratado de olvidar, incluso aunque viva
en algún libro, en la memoria de veteranos y
familiares y en la gente de izquierda de este país
y de España.
Sobre la historia de los Internacionalistas
canadienses del Batallón Mackenzie-Papineau
que pelearon en la Guerra Civil española en
favor de la República se han escrito cuatro
libros, el último y quizás el más completo fue el
de Michael Petrou, que incluye entrevistas a
sobrevivientes del Batallón, además de
documentos de la Internacional Comunista en
Moscú y materiales de la Policía Federal
canadiense.
La historia de los Brigadistas canadienses
comienza cuando la Unión Soviética, la única en
hacerlo, ofrece su ayuda al Frente Popular de
España, que había sido democraticamente
elegido al gobierno en 1936. El Frente Popular
estaba enfrentando un golpe de estado, agredido
por fuerzas nacionales y fascistas encabezadas
por el general Franco. La Unión Soviética
solidariza con el Frente Popular. Otras naciones,
incluído Canadá, no le prestan asistencia alguna
a la naciente República española y su legítimo
gobierno, sino que hasta prohibieron la
solidaridad de los canadienses con ella. Mientras
Hitler y Mussolini habían comenzado a enviar
hombres y materiales de guerra a las fuerzas
fascistas de Franco en España, el mundo le
niega toda ayuda solidaria a la República.
Los primeros canadienses que viajaron a
luchar en defensa del gobierno español legítimo,
se enlistaron en el Batallón Abraham Lincoln y en
el Batallón George Washington y partieron desde
los Estados Unidos, en cada batallón iban 44
brigadistas canadienses. En abril de 1937 el
gobierno canadiense aprueba una ley en la que
deja fuera de la ley a cualquier ciudadano
canadiense que participe en guerras en el
extranjero, se prohibía la exportación de armas.
La ley dejaba muy mal parados a los Brigadistas
solidarios que para salir del país, tenían ahora
que inventar falsos pretextos y mentir.
Los postulantes a las Brigadas eran muchos
y se reunían en Toronto donde eran
seleccionados más que nada en base a su
historia personal de participación y al trabajo
político hecho en la izquierda. Mas del 60 por
ciento de los elegidos fueron mayores de 30
años de edad. Los Brigadistas canadienses
eran trabajadores, a diferencia de los británicos y
de los estadounidenses que eran mayormente
estudiantes e intelectuales. Eran obreros que
habían experimentado ya la persecución en su
país en los tiempos de la Gran Depresión y
muchos de ellos conocían por experiencia propia
el encierro en los campos de trabajo (Relief
Camps).
Más del 75 por ciento de los Brigadistas
canadienses eran miembros del partido
Comunista de Canadá, los demás eran
socialistas del CCF, liberales del partido Liberal y
algunos no tenían filiación partidista. Los
Brigadistas entendíeron muy bien lo que
significaba el conflicto en España, sabían sobre
la repercusión que podría tener en el mundo;
enfrentaban al fascismo naciente. Comenzaron
su viaje desde los puertos de Montreal y Nueva
York, de allí partían a Francia y cruzaban a
España. Además de los Brigadistas, otros grupos
progresistas apoyaron desde Canadá la lucha de
la República española contra el fascismo, lo
hicieron a través de los "Comités de apoyo a la
Democracia española"
Desde Francia, los Brigadistas cruzaban los
Pirineos a pie, muchos sin calzado adecuado. Y
recibían un mínimo de instrucción militar en
Albacete, a 250 kilómetros de Madrid. Se
integraban entonces a la XV Brigada
Internacional. Su primera acción en la guerra
tuvo lugar en Jarama, cerca de Madrid, entre
febrero y junio de 1937, allí perdieron nueve
hombres. Luego, dos meses despues, se forma
el Batallón Mackenzie-Papineau, bajo el comando
de Edward Cecil-Smith, periodista, escritor y
sindicalista de Montreal -es el tercer batallón de
la XV Brigada Internacional. En febrero de ese
mismo año la Liga de Naciones prohibe la
participación de voluntarios extranjeros en la
Guerra Civil de España -habían ya unos 1200
canadienses involucrados en el conflicto armado.
El Batallón Mackenzie-Papineau fué el de
contingente más numeroso, siguiendo al de
Francia, en proporción a la población de ambos
países. Participaron en las batallas de Aragón,
entre agosto y octubre de 1937, de Teruel en
diciembre del mismo año y abril de 1938, y del
Ebro, Cataluña, entre julio y septiembre de 1938.
Los Brigadistas canadienses lucharon con gran
entusiasmo y disciplina, pese a la adversidad de
que el enemigo que enfrentaban contaba con el
apoyo de Alemania Nazi y de la Italia Fascista,
aparte del apoyo tácito del resto de las naciones
occidentales que nada hizo en favor de la
República española sino que al contrario trataron
de evitar le llegara cualquier ayuda solidaria.
Las victorias fueron pocas; la derrota final
incluye una retirada masiva a fines de 1938, el 21
de septiembre el Primer Ministro español Juan
Nerín obliga a las Brigadas Internacionalistas a
que abandonen el país. Lo hace en parte porque
ve el final inevitable y en parte porque, quizás
muy inocentemente, piensa que al hacerlo Hitler y
Mussolini puede retiren su apoyo al Frente
Nacional de Franco. El Batallón Mackenzie-
Papineau deja de existir en enero de 1939, y los
Brigadistas canadienses abandonan España.
Seis meses más tarde cae Madrid, consolidando
el triunfo fascista y el principio de la dictadura de
Franco -Caudillo de España por la gracia de
Dios, que ha de durar desde 1939 1975.
Cuando Stalin firma su pacto con Hitler en
agosto de 1939 en Moscú, la idea era prohibirle a
los comunistas luchar contra las tropas nazis,
pero muchos veteranos del Batallón Mackenzie-
Papineau ignoraron esta orden y se enlistaron en
la resistencia francesa. La Resistencia francesa,
durante la Segunda Guerra Mundial, incluyó
entre los suyos al comandante del Mackenzie-
Papineau, Edward Cecil-Smith.
De los 1546 canadienses conocidos que
lucharon en la Guerra Civil de España, 721
perdieron sus vidas, cifra no muy exacta. Los
sobrevivientes Brigadistas encontraron
dificultades en volver, se las puso el gobierno
canadiense que los había catalogado antes como
"prematuros anti-fascistas". Algunos fueron
arrestados en Francia e incluso al retornar a
Canadá en diferentes tiempos. La policía federal
canadiense los investigó, catalogó de
"politicamente desconfiables" y se les negó hasta
el empleo por mucho tiempo después.
Los canadiesnses que murieron luchando
en la Guerra civil de España, no fueron incluidos
en el Libro de Conmemoración en la Torre de la
Paz y su sacrificio no es conmemorado aún en
las ceremonias del día de los veteranos de
guerra, que se celebran cada año el 11 de
noviembre. No se les otorgó tampoco ninguno de
los beneficios que reciben los veteranos de
guerra. Pese al olvido que se ha tratado de
imponer desde el poder, se les han levantado
dos monumentos en Canadá, uno está en
Victoria (British Columbia) y el otro en la capital,
Ottawa. Se incluyen alli los nombres de los 1546
voluntarios Brigadistas y entre ellos figura el
Doctor Norman Bethune, uno de los pocos
Brigadistas que ha recibido algún reconocimiento
por crear una unidad médica móvil en los campos
de batalla. Es el mismo Bethune revolucionario
que fue un héroe durante la Revolución China y
miembro de las tropas de Mao que fue muerto
en la región de Tang en 1939.
España parece hoy distante de la Guerra
Civil y de Franco -su nombre prohibido en
referencias públicas desde el 2007, sus estatuas
removidas o en plan de ello, el generalísimo
removido de las calles, sus memoriales y sus
símbolos prohibidos o en retirada. Esta claro que
esto se debe no sólo por sus numerosísimas
violaciones a los derechos humanos sino también
por su fascismo, sus visibles vínculos con Hitler y
Mussolini.
Lejanos están también, sin embargo, los
otros, los que motivados por principios e ideales
de solidaridad, y en condiciones bastante
precarias, lucharon contra Franco y el fascismo.
Aquellos que cruzaron el océano para hacerlo y
alistaron su corazón para morir en el conflicto, en
el que efectivamente una mitad de ellos perdería
la vida. Hoy Canadá y España pertenecen al
"club de los paises desarrollados," club al que
muchos aspiran en el mundo. Se llaman a si
mismos democráticos aunque cumplen
compromisos imperialistas sin protestar,
invadiendo pueblos pobres y gentes que luchan
con lo que tienen puesto. Pero se jactan de
alguna forma luego de hacerlo diciendo estar
promoviendo la democracia y la paz en el mundo.
Ha muerto la España republicana de los
años 30, ni ella ni la Europa occidental de hoy
son las de entonces. Aunque su futuro sea hoy
incierto, cuentan sus ciudadanos con beneficios
provistos por el estado de bienestar social. Son
beneficios que tienen pero que sus gobiernos no
permiten tengan sus parientes europeos pobres
en el Este. Allí en el Este el fascismo crece, se
trata de un fascimo que la Europa moderna
tampoco condena, ni aún cuando comienza a
implementar con energía su propia inquisición.
Es que hasta hoy el totalitarismo no ha sido
cuestionado en realidad más que desde la
izquierda verdadera. Por lo demás se ha
construido sobre el totalitarismo como si nada, y
vive debajo de toda esa estructura, está tangible,
lo trasmiten los medios de comunicación cuando
veneran el éxito económico y el consumerismo y
cuando culpan del crimen y la crisis a inmigrantes
y minorías visibles.
Entonces me viene a la memoria, un
adolescente asturiano que a principios del siglo
20, abandonó su tierra y cruzó el mar para llegar
al sur de América. Mi abuelo inmigrante que, sin
hacer fortuna, vivió una vida tranquila y sin
persecusión ni culpa, nadie lo cuestionó por
emigrar en busca de una vida mejor. Son pocos
hoy los que en España defienden los derechos
de los inmigrantes y solidarizan con los pueblos
del tercer mundo, no me cabe duda que quienes
lo hacen son la mejor gente.
Durante el largo y oscuro reinado de
Franco, la represión y la manipulación ideológica
se encargaron de controlarlo todo. Miles fueron
asesinados inmediatamente -otros luego en las
tres décadas y mas de fascismo. Entre los
muertos uno asesinado en 1940, presidente de la
Generalitat de Cataluña, Lluis Companys,
capturado luego de la caída de la República por
la Gestapo en Francia y devuelto a Franco que lo
ejecutó sumariamente dijo: "Matan aquí a un
hombre honorable. Por Cataluña."
No se equivocaba. Recorriendo pintorescos
caminos en Sant Gregori, con su calle en honor a
Companys, o en Besalú, un castillo medieval
donde se enfrentó la República con el Fascismo
en Cataluña, aprecio en silencio el esfuerzo de
esos internacionalistas que lucharon y murieron
con honor. De todas partes llegaron, se
convocaron en España a defender la República y
el honor en nombre de todos. Lucharon ayer y
luchan hoy contra quienes con falsos simbolos
defienden las más oscuras tradiciones del
totalitarismo y la opresión.
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