Alternativa Latinoamericana
      
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Alberta, Noviembre/November 2009
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ALTERNATIVA Latinoamericana
LITERATURA Y CULTURA
que los geranios, francamente, jamás se
imaginaron.
En ese departamentito del barrio Flores tuve
doce años durante varios lustros, también la
Nena se empeñó en torcerse el cogote mirando
hacia arriba, para ver si en el centímetro de cielo
que quedaba visible aparecía la Cruz del Sur; mi
padre agonizó dos meses seguidos con un
resuello idéntico a los míos del alba, y mi madre
se murió con ejemplar discreción mientras yo
estaba ausente por haberme ido a París sin
suficientes bonetes. Permanecen objetos que no
se encuentran propiamente allí, en la casa, sino
en la duda. La lámpara amarilla, esa que era gris
plomo pero que yo pintarrajié como un sol, ¿qué
se habrá hecho de esa lámpara? ¿Y el cuadro
de la Virgen del Carmen con la corona de
estrellas, que vino en el barco del bisabuelo
genovés? ¿Y las almohadas de plumas que
viajaron de Moldavia a Entre Ríos, a las colonias
judías del Barón de Hirsch?
Al fondo del patiecito oscuro se abre un hoyo
similar al del patio añorado o al del patio
anhelado. Uno cree vivir desperdigado por
montones de casas, pero no. Al ser soñadas, las
casas tienen la gentileza de transformarse en
una sola, el patiecito de los geranios
monstruosos desemboca en la casona materna
que nunca conocí, y en la Fata Morgana que mi
padre se imaginaba los domingos, de paseo,
caminando por el barrio con su andar
bamboleante mientras mi madre trotaba en forma
vertical. El terceto se componía de un barco
despacioso, un caballito vivaracho y una nena
que ensayaba los ritmos de los dos.
Por lo demás, cada uno pensaba en lo suyo.
Mi padre monologaba sobre el estalinismo que lo
dejó sin fe, mi madre meditaba sobre un poema
de Musset saboreado la víspera, esforzándose
por no demostrar que el XX Congreso de
Kruschef le interesaba menos, y yo me extrañaba
de que nadie escuchase los gritos de los
plátanos podados hasta el codo. De pronto, el ex
comunista se detenía bruscamente ante una
casa con jardín, sendero, chimenea y hasta el
tirabuzón de humo que se chocaba con la nube,
y preguntaba con una pizca de ansiedad, como si
al día siguiente fuésemos a firmar el boleto de
compraventa:
-¿Esta les gusta, chicas?
Lo anterior no por cierto deja de ser mentira.
Confieso que el recurso que me inventé en la
maceta para llegar más allá del mero geranio fue
relatarme cuentos de antepasados viajeros.
Aunque también confieso que viajé. La cortina
verde y el velo transparente se convirtieron en
un disfraz de Sheherezade, la que narra para
detener no el serrucho sino la cimitarra del alba.
Amén de ese disfraz, tuve también un traje de
gitana con volados floridos. Y una gitana lo último
que está buscando en el mundo es una casa.
¿Cuándo apareció la Gitana? Calculo que
habrá sido por la época de las arañas y la
hermosa respiración del patiecito con sus
babosas de plateada huella. La cortina del alma
se levantó de pronto para dejar pasar a un
personaje más real que yo misma: el resto de la
vida me la pasaría preguntándome quién era
copia de quién.
No soy la única de la familia con personaje a
cuestas. Mi madre, por ejemplo, tuvo a la Dama
Blanca, una hermosa mujer que se aparecía por
las noches a los pies de su cama. De niña la
Dama Blanca no le inspiró terror. Después, sí. Yo
recuerdo sus gritos, allá por el tiempo en que mi
padre estaba preso en la cárcel de Neuquén.
Pero ella no gritaba por eso, sino porque la
Dama Blanca la seguía mirando.
Mi abuela Carmen Catalina, la del lado
cristiano se tuvo a ella. Se aparecía ante sí
misma por las noches, a los pies de su cama.
Estaba acostada y se veía venir hacia ella
misma, también de blanco, igual que la Dama,
pero más escalofriante por ser ella. No recuerdo
sus gritos. Mi madre sí los recordaba, cuando
murió el abuelo Ricardo. Pero Carmen Catalina
no gritaba por eso, sino porque ella se seguía
mirando.
Mi abuela Sara, la del lado judío, hablaba
poco, y de fantasmas, nunca. Sin embargo
sospecho que ella también se las traía. Una vez,
en Moldavia o Besarabia, iba en una carreta,
embarazada de Saúl, cuando pasó junto a una
parva de heno y le agagó la locuga, léase: le
agarró la locura. Entonces se tiró a la parva de
cabeza. No dijo quién la llamó desde la parva,
pero yo, con más tendencia a revolcarme entre la
paja que a ver damas de blanco, pienso que fue
la Gitana.
En lo que a mí respecta, tuve a la Gitana. La
tengo todavía. Mi personaje es una gitana gorda
de papada blandita, vivo retrato de la demente
anciana que seré. Tiene pues mi nariz abatatada,
mi ojo zahorí pardoverdoso, y además, los rasgos
extranjeros que van creciendo despacio en una
cara, hasta que un día desplazan a los primitivos
ojos, boca y nariz: un triángulo de sombra cavado
entre el cachete y el pómulo, bolsas de encaje
fino en las ojeras, párpados de tortuga, labios
aureolados por los rayos de gloria que en un
dibujo ingenuo significan brillante, y en este caso
no, y comisuras y mejillas llovidas que dejan en el
medio, desolada y perdida, la perita infantil.
Además de los viajes, esta Gitana tiene una
manía: hallar el hilo del sentido. A veces lo
retuerce. Siempre moraliza. Se lo perdono porque
tiene la elegancia de expresarse de lado,
adelantando un hombro, el izquierdo, oblicua,
coqueta y sibilina. Se lo disculpo, sobre todo,
porque intenta salvarme. La que me dobla es
loca, sí, pero una loca empecinada en rellenar los
agujeros del discurso rotoso de nuestro Soñador.
Mi secreto fue descubrirla espiándome por una
grieta del alma, espiarla a mi vez, y tratar de
imitarla. De adolescente tuve un corto período en
que me dio por traicionarla disfrazándome de
soldadito ruso. Lo único que me faltaba era la
estrella de cinco puntas. Breve renuncia. En
adelante no volví a abandonarla. Ella se inclinaba
por las telas floreadas, los aros de argolla, el pelo
largo y negro y las historias de antepasados
viajeros. Por la calle me decían:
-Te falta la bola de cristal.
Su máxima virtud fue ser antigua. Aquí cabe un
paréntesis. Las mujeres de mi familia nunca han
sido ni antiguas, ni tetonas, ni floreadas, ni
grandes cocineras. Contaban con excelentes
fantasmas pero no eran muy dadas a las
leyendas del sabor. Habían olvidado las recetas.
Mi abuela Sara, la del lado judío, nunca me
enseñó a hacer el gefilte fish. Quizá por influencia
de su Dama, es decir, de ella misma, mi abuela
Carmen Catalina, la del lado cristiano, jamás supo
otra cosa que la salsa blanca. Y mi madre,
escritora, profesora de castellano, me legó
ciertamente su lengua, pero no la del gusto sino
la del idioma porque, en lo que a la cocina se
refiere, a duras penas si logró transmitirme su
budín de coliflor.
Yo buscaba mujeres de más añejo paladar y
encontré a la Gitana. Sus cuentos fueron
producto de dos lenguas, la gustadora y la
parlante. Conocía los viajes de mis tatarabuelos y
me los fue cocinando desde siempre, en el patio
de Flores y en los castillos del exilio,
mostrándome los mapas, rodeando con pinturita
colorada los nombres mágicos, Cáucaso, mar
Caspio, Crimea, Besarabia o Moldavia, Kamenev-
Podolski, Génova, Toledo, Jerez de la Fontera,
Islas Canarias, Entre Ríos.
Aprendí junto a ella, o dentro de ella, o ella
dentro de mí, pues poco importa la ubicación
exacta, aunque yo tienda a imaginarla no en el
punto del pecho donde suceden los resuellos del
alba, allí donde termina la punta del esternón,
porque ése es el lugar del Que Nos Sueña, sino
del lado izquierdo, el del hombro que la Gitana
sabe mover coquetamente, suposición basada en
que el ojo izquierdo tiene una expresión desasida
y suavísima que al derecho le falta.
Aprendí, pues, con ella, a quedarme callada,
sola, con los ojos saltados, oyendo el repiquetear
del tiempo en los cristales:
-No es la lluvia, m'hijita, son ellos, son sus leves
pisadas. Y la atracción repentina de una gota por
otra, cuando pegan un envión para juntarse en
una sola, ¿ves, m'hijita? Esos son los encuentros
de los antepasados. Mirá, acá tenés al viejo
genovés, Micer Nicolo Oderigo, el amigo de
Colón, que se encontró enlazaría con Samuel
Dujovne y en la Toma de Granada con Don Pedro
de Vera. Los genoveses en tus venas siempre
han navegado para unir lo imposible.
Ella me regaló el árbol de cuentos.
Ella me empujó también de mudanza en
mudanza. Mi afán inmobiliario le es ajeno. No halla
el hilo del sentido bajo techo. Sabe que mi alero a
dos aguas es un libro. Pero se ríe de la casa para
siempre.
-Terca- me dice, viéndome rastrear por el
mundo cuatro paredes de verdad-. Terca. Tenés
la tozudez en la sangre. Por tu memoria
zigzaguean caminitos de mulas.
Caminitos de mulas. ¿Caminitos de mulas?
Otra cosa que la viajera me enseñó es a
recordar la primera frase de una historia, equipaje
esencial: la segunda o la décima pueden ser
invento nuestro, pero la primera estaba escrita.
POEMA ESCRITO POR EL
Qué feliz soy amor mío!
pronto estaremos casados,
el desayuno en la cama,
un buen jugo y pan tostado.
Con huevos bien revueltitos,
todo listo bien temprano.
Saldré yo hacia la oficina
y tú rápido al mercado.
Pues en sólo media hora
debes llegar al trabajo,
Y seguro dejarás
todo ya bien arreglado.
Tu bien sabes que en la noche
me gusta cenar temprano.
Eso sí, nunca te olvides
que yo vuelvo muy cansado.
Por la noche, teleseries,
Cinemateca barato.
No iremos nunca de shopping,
ni de restaurantes caros,
Ni de gastar los dineros,
ni despilfarrar los cuartos.
Tu guisarás para mi,
sólo comida casera.
Yo no soy como a la gente
que le gusta comer fuera...
¿No te parece, querida
que serán días gloriosos?
y no olvides que muy pronto,
yo seré tu amante esposo.
Poemas Anónimos
RESPUESTA ESCRITA POR ELLA
Que sincero eres mi amor!,
Que oportunas tus palabras!
Tu esperas tanto de mí
que me siento intimidada.
No se hacer huevos revueltos
como tu mamá adorada,
se me quema el pan tostado....
de cocina no se nada.
A mi me gusta dormir
casi toda la mañana,
ir de shopping, hacer compras
con la Mastercard dorada,
Tomar té o el cafecito
en alguna linda plaza,
comprar todo de diseño
y la ropita muy cara.
Conciertos de Luis Miguel,
cenas en La Guacamaya ,
mis viajes a Punta Cana
a pasar la temporada.
Piénsalo bien, aún hay tiempo,
la iglesia no está pagada.
Yo devuelvo mi vestido,
y tú, tu traje de gala.
Y el domingo bien temprano
para empezar la semana
pon un aviso en el diario,
con letra bien destacada:
`HOMBRE JOVEN Y BUEN MOZO
BUSCA UNA ESCLAVA MUY LERDA
PORQUE SU EX FUTURA ESPOSA,
AYER LO MANDÓ A LA MIERDA
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